viernes, 19 de abril de 2013

La Rana y El Tren


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Había una vez una selva. Los animales vivían ahí sin preocupaciones que no fueran las propias de su naturaleza. Hasta que un día llegó el tren. 

El tren les llevó preocupaciones que no eran propias de ellos. Hacía un ruido infernal y el humo que arrojaba ensuciaba el aire. Los animales estaban alarmados por esta situación y no sabían qué hacer. Así que decidieron llamar a un consejo. 

El león presidía la junta y dijo, “Este asunto del tren es grave. Viene más y más seguido, y está trastornando nuestro hogar. Quisiera saber si hay alguien que tenga una idea para detenerlo.”
El elefante se adelantó y dijo, “Pues bien, yo soy el animal más grande, así que mañana cuando pase el tren, lo embestiré para detenerlo.” Todos vitorearon al elefante. Desgraciadamente, cuando el elefante embistió al tren no corrió con suerte. En la siguiente junta, la pequeña rana dijo, “¡Yo puedo detener al tren!” Pero el león y los otros animales no la escuchaban. El rinoceronte dijo, “El error del elefante fue embestir de frente. Mañana, yo lo embestiré justo en la curva, y así lo descarrilaré.” Todos estuvieron de acuerdo. Pero al día siguiente, vieron que tampoco esta idea había sido muy buena. Después de mucho trabajo para enterrar al elefante y al rinoceronte, los animales estaban más alarmados que nunca. 

Cuando el león volvió a pedir voluntarios, la pequeña rana se volvió a ofrecer, pero otra vez fue ignorada y hecha callar. Los patos dijeron, “Volando en parvada, podemos incluso derribar aviones, así que con el tren podemos hacer lo mismo.” Sin embargo, los patos corrieron con peor suerte aún que los otros animales. 

Ya descorazonado, el león volvió a pedir voluntarios. Tan sólo la rana dijo, “Yo conozco ciertos entrenamientos especiales y puedo detener al tren. Pero necesito tres días para prepararme.” Como no había más voluntarios, los animales aceptaron. Muy intrigados, vieron cómo la rana entrenaba día y noche, brincando, golpeando el aire con sus puños y dando gritos. ¡Quizá la rana sabía algún arte de combate secreto

El día acordado, la rana estaba en medio de las vías, respirando pausadamente y en total concentración. Todos estaban expectantes. Al acercarse el tren, la rana se puso en guardia, se preparó. Los animales la veían conteniendo la respiración. 

La rana jaló aire una última vez y, en el momento en que el tren ya estaba encima de ella, dio un gran salto y lo golpeó con su puño.

Desde luego, la rana fue aplastada.

No porque creas que puedes, puedes.
De nada sirve un razonamiento válido, sin capacidad real para respaldarlo.

(Kung Fu en Una Taza de Té.  IV, 6).

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