sábado, 25 de mayo de 2013

Infierno y Paraíso, y otras polarizaciones




Los hijos de mi maestro discutían.
El niño preguntó a su hermana: “¿Qué prefieres, dar o recibir?” Ella sabía que si decía Dar, la respuesta preparada sería: Si das y das, te quedas sin nada. Y si decía Recibir, su hermano diría, ¿Recibir golpes e insultos?
La respuesta fue, “Prefiero Conservar, ¿y tú?”. Su hermano se quedó sin saber qué decir. Todavía, ella se burló: “¿Qué no puedes ver más opciones? ¿No prefieres Atraer, o Tomar por la Fuerza, o Crear?”

¡Cuántas de nuestras opiniones están polarizadas por dos opciones que se nos presentan, el viejo truco del ‘Policía Bueno y el Policía Malo’ nos ciega ante el hecho de que ambas buscan lo mismo: engañarnos para que cooperemos con ellos! El concepto que tenemos de libertad de elección se limita hacia la libertad de elegir entre sólo dos opciones, que no son sino caras de la misma moneda. La libertad de pesamiento se ha hecho frágil, atados como estamos en el proceso de masificación de la conciencia que ya preconizaba Ortega y Gasset en sus apuntes Rebelión de las Masas, allá por los 30s. 

Sin embargo esto no es nuevo de ninguna manera. La guerra, esa actividad humana por excelencia, es el caso típico de manipulación y polarización de grandes cantidades de gente. Hace una década, para tomar un ejemplo moderno, Bush decía que Hussein tenía armas de destrucción masiva, que estaba loco y que gobernaba por la fuerza. Por otro lado, Bush en efecto tenía armas de destrucción masiva, muchos en efecto pensaban - y piensan - que estaba medio loco, y subió al poder en el proceso electoral más escandaloso de la historia reciente en su país. Pero Bush es de Los Buenos en la narrativa occidental que es la que importa, y desde luego sus enemigos son Los Malos, como nos ha mostrado siempre Hollywood con mucha claridad. Y no es secreto que el Pentágono siempre ha tenido buena relación con la Meca del Cine: es sabido que tienen ahí una ‘oficina de consejería’ permanente desde los años 30.

Sabiendo quiénes son los Buenos y los Malos de la historia, podemos pasar como decía en el post anterior, a clasificar cómodamente a unos y otros como patriotas o fanáticos, aunque las acciones de uno y otro sean indistinguibles. Dos equipos deportivos, la misma cosa: ambos son deportistas intentando hacer exactamente lo mismo - anotar - y al única razón porque apoyamos a uno o a otro, es porque éstos de aquí son ‘los míos’. Como nota al margen, me pareció una coincidencia interesante el hecho de que el primer equipo que ganó el Super Bowl después del ataque a las Torres Gemelas fue precisamente, el de los Patriotas de Nueva Inglaterra. 

Pero volviendo al tema, el asunto real de los buenos y los malos es más bien difuso. Depende de quién lleve la batuta de la narrativa en un momento dado. Como dijo el actor Peter Ustinov en la genial sátira de 1961, Romanoff y Julieta, cuando estaba por decretar un día conmemorativo para recordar un hecho inexistente: “La ventaja de la Historia, mi amigo, es que es infinitamente flexible.”  Y claro que con esta flexibilidad se puede pintar cualquier cosa de cualquier color, o bien borrarla del todo. Esa flexibilidad es más bien una forma de nombrar la la mezcla de nuestra corta memoria y nuestro grande desinterés.

Veamos un ejemplo un poco más alejado: el 17 de marzo de 1943, en el que Winston Churchill, ese admiradísimo Primer Ministro que hasta Premio Nobel tuvo, declara sin sonrojarse que “Después de la guerra, la administración de las colonias británicas” - incluyendo India, Birmania, los Estados Malayos, Singapur y Hong Kong, todos ellos países de poblaciones eminentemente NO occidentales y que eran explotadas sin miramientos - “debe continuar siendo de la exclusiva responsabilidad de la Gran Bretaña.” 

Es más bien curioso el hecho de que cuando evocamos la figura de Gandhi y su lucha por la libertad de la India, rara vez asociamos dicha lucha con el momeno histórico por el que atravesaba el mundo: era plena Segunda Guerra Mundial. Y en ese momento, Inglaterra, en su famosa Finest Hour, luchaba por La Libertad, así con mayúsculas. Así es. Pero ese concepto de libertad por el que luchaban tan denodadamente no parece haber sido el mismo que por el que luchaban los indios, porque éstos lo que querían era sacudirse el pesado yugo inglés de una vez por todas.

Y así, qué podemos pedir de una definición de buenos y malos. Porque siempre nos será dada por Los Buenos. Hoy, Los Buenos de occidente nos dicen que su sistema es mejor, que genera más riqueza, más felicidad y más libertad. Lo de la riqueza vamos a dejarlo de lado por el momento y más desde lo que ha venido pasando desde el 2008 para acá con las crisis globales generadas precisamente por ese sistema. Pero en cuanto a lo de libertad, es más bien - como dice el pensador chino Lin Yutang - que su significado ha venido a sustituirse poco a poco, y a hacerse sinónimo de nivel de vida, seguridad y confort. ¿Queremos Nivel de Vida, o queremos Ser Infelices? Con esta falsa dicotomía, la gente se ve forzada a escoger lo que ya está dictado.

Si los sistemas comunistas que fueron impuestos a la fuerza crearon totalitarismos con férreos controles, en Occidente se aprendió a que a los esclavos hay que darles confort. ¿No tenemos créditos pagaderos a 15, 20 y 30 años para comprar un lugar dónde vivir? ¿Qué es esto si no una forma moderna de trabajar para el señor feudal? Eso sí, más cómodos.

¿Y de la seguridad? En 1997, apenas cuando el internet empezaba a despegar masivamente, ya el FBI implementaba su Carnivore, un software para rastrear y analizar emails. En el 2000 hubo grandes protestas en contra de esta flagrante invasión de privacidad, pero para el 9-11 del 2001 se olvidaron estas preocupaciones, en aras de la seguridad. Desde entonces Carnivore ha sido sustituido por mejores softwares, como NarusInsight, y se toma como una cosa positiva. ¿No hubo rechazos también, hace poco más de una década, en contra de los primeros Reality Shows? En tan poco tiempo ya nos hemos acostumbrado, y hasta hemos banalizado el hecho de espiar y ser espiados las 24 horas. Sin embargo, también tenemos más Seguridad: hay docenas de softwares como Internet Washer que nos permiten evitar rastreos directos a nuestras computadoras, porque eso ya es cosa asumida. Pero donde es más altamente prioritaria la seguridad, es cuando queremos comprar algo: si hay que usar una tarjeta de crédito, está codificada con la más alta tecnología criptográfica para que nuestro dinero vaya donde debe sin contratiempos. De modo que hay que globalizar los intereses, no de todos, sino los de Los Buenos, que son quienes generan consumo y movimiento. Y de forma segura.

Opciones, muchas opciones eso sí, pero todas controladas porque no son verdaderamente opuestas entre sí y están todas canalizadas hacia lo mismo: el control. Yéndonos de las cosas globales a lo que pasa en México, ¿cómo puede haber algo llamado Ideología Política si los miembros de los partidos brincan de uno a otro, representando de pronto un punto de vista que era radicalmente opuesto? Ojalá fueran como el hombre de entereza que menciona Baltasar Gracián, que “tiene diferencias con los demás no por su propia inconstancia, sino porque los otros han abandonado la entereza”. Pero no es el caso cuando se hace sistemáticamente y por táctica de maximizar el beneficio propio. Hace ya rato que se dejó de luchar por ideas, y se pasó a luchar simpelmente por el beneficio individual.

¿No podemos salir de las dicotomías y ver más allá? La respuesta es que sí, desde luego podemos. Pero no es fácil porque la cultura nos programa constantemente (y no hablo de forma conspiratoria) para sólo ver dicotomías y para agregarnos a las cadenas de control. Un excelente ejemplo reciente es la película The Ring (2002), basada en una película japonesa del mismo nombre de 1998: hay un video maldito, que mata a quien lo ve. Los protagonistas encuentran una forma de escapar a la muerte: no venciendo al mal, sino reproduciendo su mensaje y dándoselo a alguien más.

Así entonces, ¿qué escogeremos, izquierda o derecha, infierno o paraíso? El paraíso parece tentador, pero ahí también se coló la Serpiente. ¿Es suficiente estar en lugar seguro, es suficiente escapar al fantasma a costa de reproducir su mensaje?


VIDEO DEL DÍA


‘Cat Soup’ es una animación surrealista japonesa de 2001, del director Tatsuo Sato. Narra las peripecias de un gatito que se embarca en un alucinante viaje por el inframundo, para rescatar el espíritu de su hermanita. Se estrenó el mismo año que Spirited Away, y aunque también fue multipremiada dentro y fuera de Japón, no se hizo tan famosa como la pélicula mencionada:

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