lunes, 6 de mayo de 2013

La parsimonia de los clásicos vs. el TDAH de MTV



Spring, Summer, Fall, Winter.. and Spring (izq).  The TV Show (der)
La forma en que puse el título no es accidental: a ambos lados de la frase están dos formas de decir y escribir las cosas. 

El ritmo de la vida y consecuentemente de las narrativas es cada vez más rápido. La sobrecarga de información que experimentamos hace que los medios nos la lancen en ráfagas de 'soundbites' y que nuestra atención se reduzca cada vez más a lo que podemos ver en un mensaje de Twitter.

Los medios visuales llevan precedencia en esta representación de la vida contemporánea, desde que se inauguró el estilo de filmar videos con ediciones hiperactivas y cortes cada fracción de segundo para la 'generación MTV', y creo que nos está echando a perder el gusto por apreciar el cine clásico: ver ahora mismo una película de Bergman o de Hitchcock,  - sin las constantes ediciones de cámara a las que ya nos hemos acostumbrado - parece lentísimo y nos hace revolvernos en nuestros asientos.

La literatura no ha sido invadida tan totalmente por este estilo, pero es obvio que las modernas narrativas siguen también estos esquemas y que poco a poco menos lectores pueden acceder al disfrute pleno de obras de siglos pasados. Si hablamos, por ejemplo, de los rusos - Tolstoi y Dostoyevski como representantes - en quienes el detalle por el ambiente y la introspección en base a diálogos extensos es parte importante de sus estilos, están quedando fuera del gusto moderno. Ni qué decir de Julio Verne, que sólo se lee hoy en versiones abreviadas o infantiles, ya que en obras como ‘20 Mil Leguas de Viaje Submarino’ se pasaba cuatro páginas describiendo los peces que el profesor Aronnax veía a través de las ventanas del Nautilus. ¿Quién tiene tiempo para eso, si lo que quiere es ver la batalla con el Kraken?

Por otro lado, sí que hay todavía cine lento y minucioso. Y no me refiero a películas pretenciosas que confunden lo artístico con lo innecesario, lo deliberado con lo aburrido, porque de eso también hay bastante. Me refiero a cineastas como el coreano Kim Ki-duk, que se ha hecho de renombre precisamente dirigiendo lentas pero fabulosas exploraciones que abarcan tanto lo humano como lo estético, como su maravillosa  Spring, Summer, Fall, Winter... and Spring” (2003); o bien el turco Nuri Bilge Ceylan con su inclasificable “Once Upon a Time in Anatolia” (2011), que narra la búsqueda de la evidencia de un crimen pero termina siendo una colección de retratos sicológicos de hombres y costumbres. 

Mucho cine asiático es parsimonionso para contar las cosas. Se toman el tiempo necesario para decir lo que tienen que decir, y lo hacen como una parte orgánica de su visión estética, aunque también es cierto que no son inmunes a los nuevos estilos. Le recomiendo al lector amante del cine, que trate de ‘mantener su gusto por lo viejo’ de vez en cuando, porque si bien es cierto que hay realizadores geniales que hacen películas en nuestros días, también lo es que necesitamos mantener ese gusto para poder apreciar las cosas que vinieron antes. Para finalizar las recomendaciones, cierro con la película japonesa “After Life” (1998), una asombrosa cinta de Hirokazu Koreeda que narra las viscitudes de varias almas que llegan a la antesala del Cielo, pero de una forma tan original y conmovedora que se hace inolvidable. 

Tanto esta película como la de Kim Ki-duk se pueden encontrar en la pestaña de VER CINE.


VIDEO DEL DÍA


En su excelente video The TV Show, el realizador japonés Sugimoto Kousuke da una muestra magistral no sólo de la hipearctividad de la información que nos bombardea, sino que la abraza y la usa de forma humorística y un tanto surrealista para contar una historia que se va enlazando y confunidendo con todas las demás historias: la mescolanza de realidad e irrealidad a la que nos orilla esta era de información:


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