lunes, 13 de mayo de 2013

Yo, (Tú, Él) Robot - I



Desde que el checo Karel Capek acuñó la palabra ‘robot’ en 1920 e Isaac Asimov instituyó sus ‘tres leyes robóticas’ en 1942, estos modernos golems tecnológicos han sido parte indispensable de la ciencia ficción: el androide que toma conciencia de sí mismo y que es un recurso para explorar nuestra propia condición humana y las características que como tal nos definen. Esa conciencia encontrada puede desembocar en empatía como en ‘AI’, pero más frecuentemente en un deseo de rebelión: desde Hal en 2001 hasta Skynet y sus Terminators, todos hacen eco del inmemorial deseo de rebelión en contra del creador, que aparece desde las más antiguas mitologías, ya a la manera de Zeus que destrona a los Titanes, ya a la de Prometeo que roba el fuego para los hombres. Y con esa antigua pasión de rebelde búsqueda en pos del significado de la propia existencia, han dado para crear algunas de las escenas más memorables del cine y la televisión. 

Pero primero un breve recuento de los ensayos más tempranos en la literatura de lo que hoy conocemos como el moderno androide, que empezaron antes de Capek:

Los primeros robots, aunque no fueran llamados así, siguen más bien la vena de Pigmalión, en el que el creador se enamora de su creatura y abandona a su amor humano por ella. Pero mientras que en el mito clásico de Ovidio se trata de una estatua insuflada de vida por la diosa Venus, en la segunda mitad del s. XIX la historia se reimagina con la nueva tecnología de la época: muñecas mecánicas impulsadas por vapor y electricidad. Así, Coppelia (1870), la muñeca del Dr. Coppelius en la obra de Ernst Hoffmann, es mitad muñeca mecánica y mitad hechizo.

De forma más moderna, The Steam Man of the Prairies (1868), de Edward Ellis, es un hombre mecánico impulsado por vapor; y en Frank Reade and His Electric Man (1885) hay un hombre eléctrico que ayuda a su dueño. Estos personajes aún no desarrollan personalidad, sino que son reflejo del asombro de la nueva tecnología, mostrando simplemente visiones futuristas.

En 1886 apareció The Future Eve, de Auguste V. de l’Isle-Adam. Fue la primera novela en usar la palabra ‘androide’ y en ella, un ficticio Thomas Edison crea a Hadaly, una mujer mecánica que reproduce el comportamiento de un humano, pero que además es poseída por el espíritu de una verdera mujer, por lo que desarrolla conciencia propia.

De 1891 es The Brazen Android, de William D. O’Connor (amigo de Walt Whitman) donde se mezcla la ciencia ficción y la fantasía, explorando las leyendas de las ‘cabezas parlantes’ que se decía que fueron propiedad de varios magos y sabios a lo largo de la historia, como Fausto. Aquí, un ficticio Roger Bacon crea una cabeza mecánica que habla y, en una de las primeras ocasiones en que se muestra este conflicto que ya en el futuro de la literatura será inevitable, un hombre supersticioso ve a la cabeza como un artefacto demoníaco que podría ser el primero de una generación de máquinas que conquiste a sus creadores. O sea que este es uno de los primeros ejemplos del miedo al Terminator. 

Finalmente, en 1893 aparece una historia corta: The Automatic Maid of All Work, de un tal M.L. Campbell, que muestra el miedo al futuro de la posible tecnología por medio de un inventor que construye una especie de ‘Robotina’ al estilo de Los Supersónicos. Aquí, el androide no tiene personalidad, pero causa destrozos por la falta de control mecánico que tiene.

Todos estos personajes pueden llamarse ‘proto-robots’, visiones entreveradas de lo que vendría con el progreso de la tecnología y el avance de las ciencias del comportamiento, que fueron tiñendo la literatura. En el siguente capítulo veré a los robots y androides de ya entrado el siglo XX, con las nuevas preocupaciones y maravillas que trajeron.


VIDEO DEL DÍA


Bad Motherfucker es una canción y video producidos por el grupo punk moscovita Biting Elbows, lidereados por el cantante y director Ilya Naishuller. Sin hipérbole, es una de las mejores, mejor planeadas y más impresionantes secuencias de acción que se hayan puesto jamás en video. Para los amantes del punk y de la técnica del cine, esta pieza va a hacer que dejen la quijada en el suelo durante los cinco minutos que dura. Hazte a un lado, Tarantino:


No hay comentarios:

Publicar un comentario