miércoles, 15 de mayo de 2013

Yo, (Tú, Él) Robot - II


 
Metropolis (1927) - Yo, Robot (2004)

Así que empezó a haber androides desde el s. XIX; pero todo fue literatura, por supuesto. A partir del s. XX y con la irrupción del Séptimo Arte y la explosión de la tecnología, esa pregunta a la que nos referíamos, ese viejo conflicto creador-creatura empezó a tomar nuevas y cada vez más interesantes formas en el cine.

Se puede decir que la primera androide (‘ginoide’) en el cine fue Maria, en Metropolis, una película alemana de 1927 que es también una de las primeras representaciones en cine de un futuro distópico - ubicado en 2026 - donde las clases altas han esclavizado completamente a las bajas con la tecnología. Maria es un androide moderno en toda la extensión: hecho de ciencia pura y con conciencia propia, representa ese miedo a la vez antiguo y moderno del golem y el homúnculo, que ya se vislumbran como una potencialidad real del futuro, pero con la magia sustituida por la ciencia. Maria, con apariencia humana, es maligna de una forma oblicua; y causa estragos en la ciudad, haciendo que los trabajadores destruyan las máquinas pero a la vez haciéndolos que abandonen a sus hijos a una muerte segura.

Los horrores de las guerras del s. XX aunados a los avances fantásticos en la ciencia y en particular los extraños descubrimientos de la sicología conductista, crearon un suelo fértil para preguntarnos de nuevo, ¿quiénes somos y qué nos hace humanos? La imagen del robot fue el vehículo perfecto para explorar estas dudas.

1950 fue un año especialmente importante por dos cosas: una es la aparición de los cuentos cortos Yo, Robot, donde Asimov postula las ‘Tres Leyes de la Robótica’ y la ‘robopsicología’, asumiendo desde luego la imagen de que los robots tendrán conciencia propia en el futuro. La segunda es la propuesta de la ‘Prueba de Turing’, en la que Alan Turing propone no una definición de pensamiento inteligente en sí mismo, sino una manera de ver qué tan bien podría ser imitado por una máquina.

A partir de aquí, los 60s y 70s fueron una interesantísima e incesante exploración de las cuestiones de conciencia, emoción, rebelión y trascendencia humana usando la metáfora del robot y su interacción con su creador. Pongo aquí una brevísima lista de ejemplos notables:

- La tierna robot ‘Grandma’ en la historia I Sing The Body Electric del inmortal Ray Bradbury, adaptada por Rod Serling (1959) para The Twilight Zone, la mejor serie de ficción-fantasía que además hizo varios otros capítulos con el tema de robots conscientes.

- Los ‘Cybermen’, (1966) enemigos de siempre del viajero del tiempo Dr. Who, que eran originalmente humanos pero que fueron insertando partes mecánicas en sus cuerpos para sobrevivir, hasta convertirse en cyborgs sin emociones y absolutamente lógicos, que buscan conquistar y convertir a otros a su existencia deshumanizada.

- Andrea y una raza de androides, en el capítulo What Are Little Girls Made Of? (1966) de la serie original de Star Trek. Una de las primeras representaciones de un robot que ha desarrollado tal conciencia, que no sabe que él mismo es un robot. En la siguiente temporada pero más en la vena de comentario social, en el capítulo I, Mudd, el Enterprise descubre otra raza de androides que han decidido que la raza humana es demasiado destructiva y se han propuesto como misión controlarla indefinidamente por su propio bien.

- Hal, que en realidad no es un androide sino una computadora consciente en 2001: Una Odisea en el Espacio (1968) pero con la que Kubrik y Arthur Clarke crearon una de las escenas más memorables (y más imitadas) con la confrontación mortal entre computadora y astronauta. Es inolvidable por el impacto de la realización de Hal de su propia mortalidad, y por sus palabras inesperadas: ‘Dave, tengo miedo’. Esta escena fue más tarde reimaginada en La Mujer Biónica y su confrontación con una computadora similar llamada Alex, en Doomsday is Tomorrow de 1977.

- En la serie Odisea 1999, en el capítulo One Moment of Humanity de 1976, aparece una raza de androides que ha cobrado conciencia y no sólo ha escalvizado a sus creadores sino que ha aprendido a manipularlos sicológicamente, pero todo con el fin de entender las emociones y con la esperanza de convertirse en humanos. Cuando por fin logran experimentar el amor y la compasión, es demasiado para ellos y sus sistemas colapsan, pero no sin antes haber comprendido.

- En 1979, el androide Ash, en la película Alien, es perfectamente conciente de su naturaleza, pero no está asustado de morir y se mantiene desafiante hasta el final. Aquí se puede apreciar a Ash y a otros robots malignos.
 
A todo lo largo de esas décadas de exploración hubo cientos de enfoques, desde tratamientos serios como los mencionados, hasta los ligeros al estilo de Perdidos en el Espacio, con cosas intermedias como la acción de Westworld. Todas estas cavilaciones han seguido evolucionando y nos han dado, de la mano de la evolución de las ciencias de la información y las ciencias biológicas, escenarios cada vez más ‘reales’ y más cercanos a las preocupaciones modernas, como en la excelente Ghost in the Shell de 1995, donde se confunde por completo la línea entre el creador y lo creado y se cuestiona frontalmente el significado del alma.

Junto con Asimov y Clarke, Phillip Dick es de los más grandes escritores de ciencia ficción, y su novela de 1968, Do Androids Dream of Electric Sheep?  dio la historia para:

VIDEO DEL DÍA

Los fans ya saben que una de las mejores escenas de robots de toda la historia es ‘like tears in rain’: el increíble monólogo antes de morir del androide Roy Batty, al final de la película Blade Runner (1982). Doblemente impresionante porque el monólogo no estaba en el guión y el actor Rutger Hauer lo improvisó completo, capturando de forma magistral ese deseo eterno de trascendencia, de ser recordado, esa significación de vida que aquí es comprendida por una máquina:


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