jueves, 8 de agosto de 2013

La Espada que Da Vida




  Cuando Xiang Yu (232–202 aC) hubo dominado todas las armas de combate, dijo a su maestro:
   “Me has enseñado las técnicas para derrotar en duelo a cualquier hombre,
   pero lo que quiero es que me enseñes la forma de derrotar a diez mil hombres.”

- ‘Registros de la Historia’, de Sima Qian  (s. I aC)



Entre 1571 y 1646 vivieron tres de las figuras más importantes y definitorias de las artes marciales y de su filosofía en Japón: Miyamoto Musashi, Takuan Soho y Yagyu Munenori. El primero es desde luego el más conocido de los tres: el espadachín más famoso de la historia, cuya vida se ha novelizado y llevado al cine varias veces. Su “Libro de los Cinco Anillos” es bien conocido también entre los practicantes de artes marciales.

El segundo, el monje Takuan, es uno de los filósofos Zen más importantes y fue influencia decisiva en el pensamiento tanto de Musashi como de Munenori; su libro “La Mente Sin Ataduras” es un texto fundamental para el entendimiento del arte de la espada en particular, y de la filosofía Zen japonesa en general.

Yagyu Munenori es el menos famoso - pero no por eso el menos influyente - de los tres. Venía de una tradición aprendida por su padre, y perfeccionada por él mismo, llamada la “No Espada”, una técnica muy avanzada para enfrentarse con las manos desnudas a alguien armado. Cuando su padre hizo una demostración de la técnica al daimyo (jefe militar) Ieyasu Tokugawa, éste se quedó tan impresionado que de inmediato hizo a padre e hijo sus instructores. Munenori tenía 22 años en ese momento, y desde entonces ya no se separó del daimyo, siendo su instructor principal y guardia de confianza.

Dice la historia que 20 años después, Tokugawa había llevado a sus fuerzas a asediar a un castillo rival. El sitio se prolongaba y un día, en un ataque sopresa, veinte hombres armados salieron del castillo y con velocidad inesperada llegaron blandiendo sus espadas hasta la tienda misma de Tokugawa, creando pánico y confusión. Pero de pronto, entre ellos y el daimyo se situó calmadamente Munenori, y con un movimiento tan grácil como veloz, abatió con la espada a siete de los asaltantes. Esto dio tiempo a los guardias a recomponerse y alejar al resto de los guerreros.

Cuando Takugawa se convirtió finalmente en shogun (máximo señor feudal), mantuvo a Munenori siempre a su lado y, en el único caso en la historia de Japón, lo elevó al rango de señor feudal menor.

Munenori, influyente como fue, siempre mantuvo su interés en las enseñanzas del Zen y del taoísmo, y cómo se relacionan con la práctica de la espada, del gobierno y de la guerra. Completando las aportaciones de estos ‘tres grandes’, él mismo también escribió un libro en donde expresa sus reflexiones: “La Espada que Da Vida”. El siguiente es un extracto del capítulo 2, donde sopesa las graves responsabilidades del uso de las armas:



En tiempos antiguos se dijo,

   “Las armas son instrumentos de mal agüero.
    El Cielo las encuentra repugnantes,
    y el Camino del Cielo es tan sólo usarlas cuando es necesario.”

Si nos preguntamos porqué esto es así, es porque el Camino del Cielo es uno que da vida, mientras que estos instrumentos de muerte son dañinos, por lo que se les considera repugnantes.

Sin embargo, dice al final que el tomar esas armas y usarlas cuando no puede ser evitado, también es parte del Camino. Si te preguntas qué significa esto, podemos decir que las flores se abren y la hierba crece en la brisa de primavera, pero las hojas caen y los árboles se marchitan al llegar el hielo del otoño. Este es el juicio del Cielo.

 Hay una razón por la cual algo que ha llegado a su lleno debe ser golpado. Un hombre puede hacer uso de su buena fortuna y luego cometer injusticias, así que lo golpeas cuando su bolsa de injusticia está llena. De esta forma puede decirse que el uso de las armas es también parte del Camino del Cielo. Hay tiempos en los que diez mil personas sufren por la maldad de una sola, y al destruir a esa sola persona, le das vida a diez mil. 

Pero hay un arte para usar las armas. Si no aprendes ese arte, puedes muy bien ser tú el aniquilado por aquél a quien pretendes destruir.

Piensa en esto con cuidado. En lo que llamamos el arte marcial, un guerrero se enfrenta a otro, ambos con una espada. En este arte marcial hay un solo vencedor y un solo vencido; esta es un arte marcial muy pequeña, porque aunque hay victoria y derrota, la pérdida y la ganancia son pocas. Es un gran arte marcial cuando una persona vence, y su estado vence con ella, o cuando un individuo es derrotado, y su estado con él. 

En un duelo entre dos espadas, la victoria es de aquél que armoniza el Principio y la Forma, mente y cuerpo. En un conflicto entre muchas espadas, la victoria es de quien piensa con cuidado en su estrategia, y controla y usa con cuidado sus fuerzas.



VIDEO DEL DÍA


El Aikido japonés, fundado a principios del s. XX por el maestro Morihei Ueshiba, es un estilo de ‘manos desnudas’ que sigue en la venerable tradición de la filosofía Zen de Takuan y de los estilos como la “No Espada” de Munenori. Aquí un documental japonés de los años 30, que habla de la fundación de la escuela:



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