martes, 17 de junio de 2014

Compartir el alma y compartir la mente





Una vez leí un cuento del que no recuerdo el autor, en el que un matrimonio había llegado a un pequeño templo en una montaña que veía al mar. Viéndolo dilapidado y abandonado, se dedicaron a restaurarlo, a colgar de nuevo las pinturas, a barrer los jardines y a volver a encender el incienso. Tras un tiempo, el templo quedó listo de nuevo y ellos hicieron ahí su hogar por muchos años. Los dioses viendo esto, tomaron forma humana y llegaron al templo un día, diciendo al hombre y la mujer: 

“Hemos visto su piedad y nos ha complacido. Venimos a ofrecerles la gracia que pidan en recompensa. Fortuna, tierras… todo está a su alcance. Deliberen y hagan su petición.”

El hombre se fue con su mujer a un salón apartado y tras un corto lapso, regresaron ante los dioses, que preguntaron por la decisión.

“Queremos morir al mismo tiempo.”

Los dioses asintieron con una sonrisa, y tras una larga vida en el templo, les concedieron esa alta gracia: la de no tener que la pérdida de quien tanto habían amado.


Las historias de amor son tantas y tan variadas como quienes las viven, las imaginan y las escriben, y todas están basadas en compartir. Lo más común es una comunión emocional y la idea de ‘envejecer juntos’, como la descrita.  Pero también existe - mezclada, por supuesto - la comunión de la mente. Aquí pongo dos ejemplos.


LA MENTE:

Li Qingzhao (1081-1141), fue una famosa poetisa china de la dinastía Song, y aquí, en un epílogo que escribió para la publicación póstuma del Jin Shi Lu, un tratado sobre epigrafía escrito por su marido Zhao Mingzhen, describe el placer intelectual que ambos compartieron:

  “Ambos éramos de muy buena memoria, y sentados en el salón después de la cena, solíamos preparar el té y ver el librero donde estaban las pilas de libros. Uno de nosotros mencionaba un pasaje, y cada quien hacíamos una apuesta para adivinar en qué libro y en qué capítulo se encontraban tales palabras. Quien estuviera en lo correcto podía tomar primero su taza de té. Cuando alguien ganaba la apuesta, levantaba la taza de té tan alto y con tanta risa que el té a veces caía sobre nuestros vestidos. ¡Ah, éramos felices de poder vivir así, tan sólo deseando poder envejecer de ese modo! Y así llevábamos nuestras cabezas en alto aunque vivíamos en la pobreza. Con el tiempo nuestra colección de libros creció y creció, y los textos se desparramaban en mesas y sillas y mesas… y los disfrutábamos con nuestros ojos y nuestros corazones; planeábamos y discutíamos sobre ellos, y nuestra dicha era mucho mayor que la de aquellos que coleccionan caballos o bailan hasta cansarse.”

LA EMOCIÓN: 

Abandonarse, olvidarse y unir inextricablemente la propia vida a la de alguien más, es quizá el tema más consistente en el canto de amor. José María Cano, del grupo pop Mecano, lo puso muy bien así en la canción “Tú”:

  Tú me has hecho dimitir
  y hoy ‘Yo’ se dice así: ‘Tú’.

Aquí hay otra forma de expresarlo, en un poema que Madam Kuan (Guan Daosheng) - pintora y maestra en la corte durante la dinastía Yuan - que hizo para su esposo, el también pintor Zhao Mengfu:

   Toma un trozo de arcilla, mójala, fórmala
   y con ella haz una imagen mía y una imagen tuya.
   Entonces rómpelas en pedazos,
   y pon de nuevo agua en ellas.
   Tómalas, fórmalas
   y de nuevo haz con la arcilla una imagen mía
   y una imagen tuya.
   Ahí en mi arcilla hay un poco de ti,
   ahí en tu arcilla hay un poco de mí,
   y nada puede ya desentrañarlas.
   Así en vida dormiremos sobre la misma manta
   y tras dejar el mundo nos enterrarán juntos para reposar.


1 comentario:

  1. Buenos relatos acerca del amor eterno..aunque llego a notar posesión entre la pareja

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