viernes, 15 de agosto de 2014

Canciones infantiles en español: racismo, violencia y muerte




Hoy en día todo tiene que ser políticamente correcto. Esto es importación del primer mundo, porque en Latinoamérica y en México en particular, nos importan bastante poco las sutilezas aunque hayan tratado de meter lo de ‘chiquillos y chiquillas’ al vocabulario. Somos de un cinismo ancestral aunque nuestra vida pública esté revestida de palabras rimbombantes; nuestras leyes y ordenanzas se expresan siempre en el más correcto y barroco castellano pero seguimos contando chistes crueles y chistes de negros, algo que me parece que nos viene directamente de la Madre Patria, que nunca tuvo empacho para esclavizar y explotar por más que los altos ideales expresados en su noble lengua quisieran decir Civilización. Y por supuesto hijo de tigre, pintito.

Nuestra historia de racismo es menos dramática y extensa que la de nuestros vecinos al norte, y de hecho tiene un matiz muy diferente porque los españoles sí se mezclaron con singular alegría con cuanta etnia se les puso enfrente, y el ‘apartheid’ inicial dio paso con el tiempo a un sistema de castas cada vez más suavizado. Eso no quiere decir que cantemos mal las rancheras, y desde niños vemos (o veíamos, por lo menos hasta los 80s) temas de racismo inclulcados desde las canciones infantiles, muchas de las cuales eran originarias de España. Y además del racismo, la diaria ocurrencia de la violencia y la muerte son temas que se ven en rondas infantiles con suma frecuencia. Eran otras épocas. Seguramente para mi abuela, que vivó la pandemia de Influenza Española de principios del siglo 20, que mató a más de 14 millones de personas, no era la gran cosa enseñarle a su niña una canción hablando de muerte (infantil!).

Hay muchísimos casos de estos temas así que voy a poner algunos pocos a manera de ilustración. Si el lector tiene una edad que se aproxime a la mía seguro va a acordarse de muchos más.


RACISMO


La música latina es casi racista por definición, pero es más bien un racismo ‘con cariño’ si se puede decir así. Recordemos a Toña La Negra, una cantante celebradísima, y la larga lista de canciones que tenemos usando esa palabra. Y también el hecho de que todos en México tenemos por lo menos un amigo, o hasta una novia o un hijo al que le decimos El Negro ó La Negrita.

El contraste lo hacemos con EUA porque allá tienen una historia de segregación que duró hasta mediados del siglo 20 y muy mala conciencia por ello, así que ahora tratan de compensar y las cosas que ha nosotros nos parecen inofensivas, allá son motivo de escándalo. Se acordará el lector que hace unos pocos años se armó revuelo con los gringos por la decisión de poner a Memín Pinguín en estampillas mexicanas, y es comprensible porque la forma de dibujar a Memín recuerda a las caricaturas mega-racistas de los 30s y 40s, por ejemplo las de Tintín (que es francés, otros que les importa poco la sutileza):



Pero estamos hablando de canciones infantiles, así que vamos a ver tres del campeón del racismo, nuestro tesoro nacional, Cri-Cri. Como digo, eran otros tiempos, así que vamos de menos a más:

Negrita Cucurumbé

   “… se fue a bañar al mar, para ver si las blancas olas su carita podían blanquear.”

Bueno OK, quizá esa negrita era ancestro de Michael Jackson. Y de hecho más adelante en la canción, un pescado le dice que no lo necesita, porque “así negra estás bonita”, de modo que se compensa. Si fuera esta la única canción usando esa palabra, pasaría, pero…


Negrito Bailarín

OK, bueno un negrito bailarín de entrada no parece tan ofensivo, hasta que vemos más detalles de la letra:

   “¡Hey, moreno! Lo compré para ver bailar a usté
     ¡Perezoso, mueva los pies!”

Uuups.  Sí, está hablando de un juguete de hojalata, pero ¿no podría haber sido un bailarín genérico? Bueno, dos ejemplos a la mejor no son concluyentes, pero vamos al tercero, que es mezcla entre el primer tema y el segundo, la Violencia:


Negrito Sandía

Para empezar:  ¿Negrito SANDÍA?  Wow. El ‘negro come-sandía’ es, junto con el pollo frito, uno de los estereotipos más ofensivos que hay. ¡No nos engañas, Cri-Cri, aunque digas que era un “negrito de cara angelical”! Y tanto se nos ha quedado la despreocupación por el uso de esos estereotipos que muchas veces ni sabemos que son ofensivos. Alguien podría de nuevo defender a Cri-Cri diciendo que eran otros tiempos (las tres canciones son de los 30s), pero veamos esto:

WOW. A la izquierda, la Compañía del Ballet Folklórico de Cancún, con su espectáculo “Mundo Mágico de Cri-Cri” de 2011. Y a la derecha, un Homenaje a Cri-Cri en el 2º Festival de Verano “Festín de las Artes” en Iraupuato. En 2012. Me encantaría ver la cara de unos turistas gringos que de repente se toparan con esos shows, con actores usando Blackface, una práctica originaria de 1830 que se descontinuó (por racista) en los 40s.

Pero procediendo a la historia del negrito, resulta que aunque parecía un querubín, era “más deslenguado que un perico de arrabal”, por lo que el narrador lo acusa con su tía, y no ahorra imágenes para describir lo que le va a pasar al pobre:

   “Y mientras ella te va a buscar, en los cajones he de encontrar
     una libreta para apuntar los garrotazos que te va a dar.
     Con el palo que utiliza, el castigo te horroriza;
     y después de la paliza me voy a morir de risa.”

Oh, qué bestia de plano, aunque el ritmo está muy bueno. Y es que en aquel entonces eso de que ‘la letra con sangre entra’ realmente no había caído en desuso. Lo que nos lleva al segundo tema…


VIOLENCIA


Violencia como la perpetrada contra el pobre negrito, o referencia a escenas que serían por lo menos perturbadoras hoy en día fuera de una canción de Heavy Metal:

Hospital de los Muñecos

   “Al viejo hospital de los muñecos,  
     llegó el pobre Pinocho mal herido,
     un cruel espantapájaros bandido le había robado, 
    robado el corazón.
     Llegó con su nariz hecha pedazos, 
    una pierna en tres partes astillada,
     una lesión interna y delicada, 
    y el médico de guardia lo atendió.”

No sé quién escribió esa canción pero yo se la oí a Cepillín en los setentas, e incluso en aquel entonces eso de llegar con la nariz hecha pedazos y la pata partida en tres, me sonaba medio bárbaro. Y no, el espantapájaros bandido no le robó el corazón a Pinocho bajándole a la novia; literalmente se lo sacó de la caja torácica, en una escena que supongo ha de ser mezcla de SAW y Toy Story.

Pero igual que las imágenes de racismo, nos sigue importando poco a los latinos poner imágenes de violencia, como demuestra esta celebración del Día del Niño 2010 en Costa Rica, donde seguro han de usar un pedazo de carne sangrienta sacada de la charcutería de la esquina:
 
Al Dia


Diablito Loco

   “Una noche me di cuenta que el diablito se cayó
     se rompió la pierna izquierda y sin brazo se quedó,
     y el diablito seguía bailando.”

Ésta igual no está tan violenta, y además es un diablo así que probablemente se lo merece, pero mi punto es el mismo: además de la imagen de huesos rotos y miembros amputados, ¿qué diablos estaba fumando ese diablo, para seguir bailando? Eso tenía que ser algo muy potente, ¿y qué cártel era su proveedor?

Preguntas que quizá nunca vayan a tener respuesta porque la verdad quién va a ser el desocupado. Pero vamos al último tema…


MUERTE


En una sociedad que famosamente se burla de la muerte como es México, y con la larguísima tradición de corridos donde la gente es balaceada por cosas como no querer bailar o por ver feo a alguien, es normal que vayamos a encontrar también su presencia en canciones infantiles. Pero lo peculiar en ellas es lo trágico que son, a diferencia de lo semi-jocoso y aventurero de los corridos. O sea, más “Mamá soy Paquito, no haré travesuras”, que “sonaron siete balazos, Camelia a Emilio mataba.”


Dónde vas Alfonso XII

   “- ¿Dónde vas Alfonso XII? ¿Dónde vas triste de ti?
     - Voy en busca de Mercedes, que ayer tarde no la vi.
     - Si Mercedes ya se ha muerto, el entierro yo lo vi,
      cuatro duques la llevaban por las calles de Madrid. ”

Esta es española, pero qué barbaridad. O sea, el pobre rey no sólo no sabía que su esposa se había muerto, sino que tiene que enterarse por medio de un fulano cualquiera, y aparte ¡se perdió el velorio! Le deberían de dar ese guión a Milos Forman para que la dirija.


Tengo una muñeca

   “Tengo una muñeca vestida de azul
     con su camisita y su canesú;
     la saqué a la calle y  se me constipó
     la tengo en la cama con mucho dolor.”

Aparte de enseñarnos que ‘canesú’ es un vestido corto, algunas de las versiones (por ejemplo la que yo me aprendí) dice “la traje a la casa y se me murió”.


La Gallina Cocouá

   “Cuando era pequeña su mamá se fue
     y ella muy solita se quedó,
     y esta cancioncita no pudo aprender
    y de tristeza llora en su rincón.”

Más adelante en la canción, las otras gallinas le enseñan a cantar, pero de todas formas, qué manera de empezar: con una pobre huérfana deprimida. Pero si a esas vamos, la escena más infame de todas para abrir una canción de niños tiene que ser esta:


Papi di porqué

   “Papi di por qué, los niños como yo
     no tienen con quién jugar
     y no tienen una mamá.
     Papi di por qué lloras como yo
    ¿no tienes con quién jugar
     o también quieres una mamá?”


De repente tengo un nuevo aprecio por Barney.




VIDEO DEL DÍA


Para no pensar tanto en cosas deprimentes, aquí hay un video con seis miembros del Reino Animal que poco les falta para ser Wolverine el de los X-Men:





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