martes, 12 de agosto de 2014

¡Ríe, payaso!



Via GossipCop

In Memoriam, Robin Williams (1951-2014)


El payaso ha sido siempre una figura siempre mitad trágica, constante recordatorio de esa frase que dice que “quien canta, llora”: la eterna dicotomía humana, más inescapable cuanto más cerca caminamos por sus extremos.

Y Williams fue un extremo: en su talento en la comedia de Stand-up, era eclipsado quizá únicamente por otro que le precedió en el camino, George Carlin (1937-2008). Famoso por haber mantenido el buen humor de Speilberg durante las partes más deprimentes de la filmación de La Lista de Schindler, y incluso por haber mantenido a raya la desesperación del Supermán por excelencia, Christopher Reeve, después del trágico accidente que lo confinó a una silla de ruedas, él mismo fue víctima constante de la depresión y de múltiples adicciones a las que ésta lo orilló. Pero siempre el humorista, incluso se burló de esas sus partes más oscuras en sus rutinas de chistes.

¿Qué puedo agregar aquí - acerca de él y del payaso arquetípico - que no haya sido dicho antes y con más arte? Poco, la verdad. Todos sabemos cómo son nuestros extremos, nuestros demonios: más terribles cuanto más alto vamos. Smokey Robinson lo dijo en su inmortal canción de 1965, The Tracks of My Tears:

La gente dice que soy el alma de la fiesta
porque cuento un chiste ó dos.
Pero aunque pueda estar riendo a carcajadas
muy dentro estoy triste.
Así que echa un buen vistazo a mi cara:
verás que mi sonrisa está fuera de lugar.

Y lo volvió a repetir en otra de sus canciones, Tears of a Clown (1967):

Hay cosas tristes que conoce el hombre
pero no hay muchas más tristes
que las lágrimas de un payaso
cuando no hay nadie alrededor.



Quizá el ejemplo más conocido que tenemos en español es el increíblemente triste poema de Juan de Dios Peza, “Reír Llorando”, con la famosa escena del paciente con depresión que va a buscar consejo al médico, quien sin duda le recomienda ir a ver una de las funciones de Garrick, el cómico más famoso de su tiempo, que puede curar la tristeza del más desesperado. Pero el paciente responde con la terrible frase que de seguro hiela la sangre del médico,  “Yo soy Garrick, cambiadme la receta”. 

De forma más elegante que Smokey, Peza nos dice:

Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.

Y si con esa trágica sentencia volvemos al principio del poema, vemos bajo una nueva luz esas líneas que lo abren, revistiéndolas ahora de una desolación que se antoja insoportable:

Viendo a Garrik, actor de la Inglaterra,
el pueblo al aplaudirle le decía:
“Eres el mas gracioso de la tierra
y el más feliz...”
Y el cómico reía.

Todos sabemos lo que es ponerse una máscara, pero pocos sabemos lo que significa cuando entre el rostro real y la máscara media el abismo. En Pagliacci (Payasos, 1892) de Ruggero Leoncavallo, encontramos  Vesti la Giubba (‘Ponte el disfraz’) una de las arias más famosas de la historia operística, en la que el payaso tiene que entrar a escena justo después de que su amante lo abandona:

Vesti la giubba e la faccia infarina.
La gente paga, e rider vuole qua.
E se Arlecchin t'invola Colombina,
ridi, Pagliaccio, e ognun applaudirà!
Tramuta in lazzi lo spasmo ed il pianto
in una smorfia il singhiozzo e 'l dolor, Ah!

Ridi, Pagliaccio, sul tuo amore infranto!
Ridi del duol, che t'avvelena il cor!


Viste tu disfraz y pinta tu cara.
La gente paga y quiere reír.
Y si Arlequín ha raptado a tu Colombina
¡ríe, payaso y todos aplaudirán!
Transforma en gozo tu espasmo y tu llanto
y en una mueca tu dolor y  sollozos.
¡Ríe, payaso, de tu amor roto!
¡Ríe del duelo que tu corazón envenena!


En la película de 1988, Who Framed Roger Rabbit?, el conejo titular dice una frase importante: “La risa puede ser algo muy poderoso. Algunas veces, es la única arma que tenemos en la vida.”

Pero no quiero cerrar en una nota de deseperanza, sino lo contrario. Cuando a mediados de los 90 trabajé editando algunos libros para la Asociación Mexicana de la Retinitis Pigmentosa y Enfermedades de la Retina (AMRP) vi algunas historias realmente inspiradoras. La retinitis pigmentosa es una enfermedad irreversible que causa ceguera, y la AMRP trabaja con personas afectadas para que puedan continuar sus vidas, ya que perder la vista es un evento tan traumático que un altísmo porcentaje de personas contemplan el suicidio durante los primeros 12 meses después de ocurrido.

Don R. era una persona afectada por esta enfermedad. Era payaso de profesión, y no soportaba la idea de dejarla, pues ‘las risas de los niños eran su vida’. Pasó, claro, por un periodo terrible de adaptación, pero poco a poco se sobrepuso y más tranquilo, empezó a practicar sin descanso un nuevo maquillaje, trucos adaptados, un espacio y muebles especiales.

Y volvió a ser payaso.

En la oscuridad, siguió escuchando las risas.






Ríe, payaso, donde quiera que estés.




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