jueves, 13 de noviembre de 2014

El Diablo en efecto usa Prada




El otro día estaba esperando a alguien en el aeropuerto de Shanghai que, como todo aeropuerto, es un espacio gigantesco para cobrarle a la gente un ojo de la cara por un sándwich piojoso con más pepino de hace una semana que jamón. Algo se debería hacer algún día respecto a esos abusos, que tristemente se nos olvidan en el mismo minuto que salimos del aeropuerto. Pero en fin, además de ser un espacio de usura alimenticia –y que por cierto me vengo enterando de que la palabra usada en términos legales es “agiotaje”, qué horror– bueno, decía que además de eso, los aeropuertos son escaparates para mostrar todo tipo de productos de lujo, porque ya sabemos que todas las personas que pisamos el aeropuerto somos o aspiramos a ser Aristóteles Onassis, o Paris Hilton para mis lectores que nacieron después de los 80s.

Yo llevaba mis galletas Ritz y café enlatado comprado en la estación de metro antes de llegar, para poder resistir a la tentación de gastar millonadas en galletas y cafés ligeramente más endulzados pero a diez veces el precio.

Total que mientras esperaba a mis huéspedes a que bajaran del avión, me entretenía como todo mundo, caminando entre las salas enormes, poniendo cara de circunstancia y mirando los anuncios de Charlize Theron pintada de dorado y de George Clooney con algún reloj hecho por los mejores relojeros suizos. A veces me pongo a pensar por qué nunca pintan a Clooney de dorado y le dan un reloj (y más ropa) a Charlize, pero claro que eso nunca va a pasar.

El punto es que entre los anuncios que vi estaba el de Prada, de principio del artículo, y este de una marca china que se llama Naersi y sabrá Dios qué significa:



Y como nada más estoy pensando más de la cuenta y por lo general en cosas que no vienen al caso, me gustó la imagen de Naersi –que no, no voy a googlear su significado– y odié la de Prada. Mis lectores seguro ya estarán entornando los ojos y diciendo “A ver, ¿y AHORA por qué?”  Y qué bueno que me preguntan porque de todas formas estaba a punto de decirle.

Es por el mensaje. Es lo subliminal. Y no, no me refiero a esas cosas subliminales donde hay mensajes de sexo en medio de la película del Rey León. Es más bien la actitud, las implicaciones de cada una de las dos imágenes. Mire usted.

La mujer que está feliz –en una de esas actitudes de felicidad delirante que nunca vemos en la vida real– en el anuncio de Naersi, está justificada, y en su elemento: trae puesto un vestido para ir a ver al Príncipe Carlos y de hecho está disfrutando de un ventarrón en Londres al lado del Parlamento, que hace flotar su vestido como la capa de Batman pero que no le despeina un pelo, gracias a esas ocurrencias raras que tienen las leyes de la física en las fotos de modelos. Pero a lo que voy con esa imagen es que esa imagen muestra a una mujer rica, haciendo cosas de gente rica, en un ambiente generalizado de riqueza, joyas y hasta el viento que sopla como ella quiere.

Y bueno ok ok ok!!! Ya busqué Naersi. Ya sabía, lo tenía que hacer. Y resulta que, como anticlímax, no significa nada. A la empresa china seguramente le gustó la combinación de letras, y luego escogió una forma de decirlas en chino también (娜尔, nà ěr sī), lo cual es una práctica bastante común hoy en día, que lo chic es agarrar alguna palabra que se vea extranjera para que no digan que eres una vil fábrica de fakes.

En fin. Volviendo al tema, vea por favor la otra foto, la de la bolsa de Prada. Yo por lo menos me hago muchas preguntas, y ninguna me gusta. Vamos a ver. Esa chica tiene una bolsa Prada, de esas que son espantosas y a la vez inexplicablemente caras. O si no espantosa, por lo menos es tan poco extraordinaria que seguramente se puede encontrar un diseño parecido en cualquier Dollar Store. Pero lo que sí, es que debe de ser estrafalariamente cara. Ahora bien, la chica está usando un vestido con un diseño que se parece a uno que tenía mi mamá en los 70s y que me imagino que también ha de ser el último alarido de la moda, porque los diseñadores de ropa tienen un muy refinado y exquisito entendimiento de la estupidez humana.

La chica, además, está muy bien peinada. Lo que quiero decir es que lo que muestra es que también es rica, y que no es una junkie que se robó la bolsa y se regresó con ella al barrio donde llega con sus amigos a compartir jeringas.

Si asumimos todo eso… ¿qué diablos está haciendo en ese barrio, por el amor de Cristo? Su expresión no deja dudas: es una expresión de “Mira mi bolsa, lo maravillosa y cara que es. Y llora.”

Esa expresión, en una reunión donde estuviera rodeada de otras niñas ricas igual a ella, que no tienen –ni quieren tener– otra ocupación más que firmar y presumir, pues vaya y pase. Pero ¿qué está haciendo ella, con ese vestido, con esa bolsa y con esa expresión, en ese lugar? ¿No le es suficiente presumirle a sus pares, sino que para estar contenta tiene que pavonearse de su estatus y de sus medios y de su bolsa ridícula ante gente que para empezar no sabría la diferencia estilística entre esa bolsa y una canasta del mandado?   

Como dije, no es algo particularmente subliminal: es esa actitud de supremo desprecio, de no dar una mitad de pepino putrefacto por lo que le rodea, con esa cara de “el mundo no me merece” que es parte del repertorio básico de las modelos. Y la parte triste es que toda esa imagen finalmente es enormemente atractiva para montones de gente, porque no he leído aún –por más que he buscado– ninguna noticia diciendo que Prada esté al borde de la bancarrota.

Pero justo cuando estaba pesando los pros y los contras de aventar la lata vacía de café barato contra ese poster que tanto ofendía mis sensibilidades, oí en los altavoces que los pasajeros del vuelo estaban ya saliendo por la puerta B, así que tuve que irme corriendo porque había estado divagando todo este tiempo en la puerta D. Y de todas formas, había como 50 posters iguales por todo el aeropuerto.




VIDEO DEL DÍA


En otra ocasión puse aquí el tráiler de Plan 9 From Outer Space, considerada película de culto por lo mala que es. Pero esa película es de esas tan malas que son buenas, y fue creada por un director mitad visionario y mitad maniático. Aquí, ya sin miramientos, pongo la película más atroz que hay: “Manos, The Hands of Fate”, que es simplemente malísima porque el que la hizo fue, según la leyenda, para demostrarle a un amigo cineasta que cualquiera podía hacer una película.



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