miércoles, 7 de enero de 2015

Es una barbarie




La bomba que unos fanáticos pusieron en el periódico francés Charlie Hebdo, matando a 12 personas entre las que estaban cuatro caricaturistas satíricos, es una barbarie sin atenuantes. Es un acto indefensible desde ninguna perspectiva. La razón aparentemente es que habían publicado caricaturas que pueden considerarse ofensivas contra el Islam. El acto, por supuesto, ha sido condenado inmediatamente en todos lados.

Por supuesto, también, muchas de las condenas van contra el Islam en bulto, y ya contra “las religiones en general”.  Y aquí hay un problema.

¿Los que hicieron eso eran religiosos? Sí.  ¿Musulmanes? Sí. Pero también, la mayoría de los musulmanes condenan esta idiotez absoluta. Yo conozco musulmanes de la India, de Siria, Turquía, Irán, Costa de Marfil, Albania, Malasia e Indonesia. Todos llevan su religión con ciertas variaciones culturales, y con más o menos fervor, claro está. Pero ni uno de ellos está de acuerdo con esta barbarie, y califican justamente a quienes la perpetraron como “fanáticos”.

¿Por qué se dice tan fácilmente en estos días “religión” cuando se debe decir “fanatismo”? El fanatismo es una aflicción humana que puede contaminar casi cualquier de sus actividades, y cierto que cuando contamina a la religión es doblemente espantosa porque está contaminando a algo que se supone que es para lo contrario, para elevar el espíritu. Pero fanáticos de fútbol mataron a un portero por no parar un gol; fanáticos del KuKluxKlan han hecho todo tipo de violencia contra gente de raza negra en EUA; y fanáticos de muchas causas han matado indiscriminadamente a inocentes desde que el mundo es mundo. Pero no tomemos un problema humano y lo limitemos, no cometamos el error de pensar que si un día “desaparece el Islam”, e incluso todas las religiones, nos faltará alguna cosa para fanatizarnos. 



Ahora como mis lectores saben que soy un infame y todo lo cuestiono, también quisiera ver más aspectos que lo que ya mencioné. Los caricaturistas muertos serán recordados como héroes de la libertad de expresión por Francia en general y por el mundo. Dos de ellos tenían protección policiaca especial desde hace tiempo porque esta no era la primera vez que ‘insultaban’ al Islam. Y me pregunto yo, ¿sus familias los recordarán también como héroes? Y más allá de sus familias, ¿cómo los percibirán las familias de los otros muertos, que escribían de cosas menos peligrosas? ¿Valió la pena? Estas no son preguntas ociosas en tanto que son preguntas humanas.

Eran personas que sabían perfectamente lo que hacían. La gente loca y enferma que tiene ideas radicales islamistas tiene un historial deprimentemente largo de este tipo de atentados. Hace pocos años fue en Holanda donde se registraron ataques y amenazas. Un héroe debería de tomar esto en cuenta cuando realiza sus heroísmos, que son de admirar por su confianza ciega en el ideal que persigue; pero como digo, somos humanos, y quienes más cerca tenemos son quienes pagan más caro el heroísmo. En las películas a veces vemos al héroe perfecto que no tiene familia ni amigos, y por lo tanto no puede ser presionado ni forzado a nada por esa vía.

Estoy hablando a lo bestia, claro. Yo no sé si tenían familias y si todas estaban de acuerdo y si todos los empleados del periódico eran defensores tan rabiosos de la libertad de expresión que tenían un pacto de camaradas hasta la muerte. Igual sí. Pero me pregunto, al ponerme en esa situación, si estarían tan desesperados de promover la libertad universal de expresión como lo pueden estar, digamos, gente viviendo en la opresión infame de la Franja de Gaza y a muchas de las cuales la muerte les importa poco.

Sin embargo saludo a esos hombres, que murieron de forma atroz e innecesaria, y respeto sus ideales.
El decir verdades mezcladas con berrabasadas es prerrogativa del bufón, y es útil. Aunque nunca hubiera comprado su revista. Es anárquica, no política: el bufón de la corte.

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