viernes, 15 de mayo de 2015

La religión como causa de guerras






“Ningún reino ha derramado más sangre que el Reino de Cristo.”
--Montesquieu (1689-1755)


Montesquieu de hecho sí dijo eso, pero lo dijo en cierto contexto de su época, en Francia y haciendo un punto en su argumento, más o menos 50 años después de la devastadora Guerra de los Treinta Años. Hoy en día, que a partir del 9-11 el ateísmo se ha puesto de moda y han explotado las cosas burlonas en el internet como el “Domingo Sacrílego” ó la iglesia del “Monstruo de Spaghetti Volador”, la frase del pensador francés se ha convertido en meme también.

La crítica a los vicios de la religión —y a los vicios de cualquier cosa humana— me parecen muy bien; ya antes he dicho que mi padre no era ningún fan de los curas y que yo fui un monaguillo rebelde. Pero a como somos, que nos encanta pensar lo menos posible y tomar la posiciones más fáciles posibles, la crítica también degenera con rapidez si es ignorante y/o superficial. A mí no me da ningún tipo de escozor que esta o aquella persona critiquen este o aquel pensamiento, ya me sea caro o no. Como ya sabrán mis lectores que me hayan seguido un poco, yo me burlo de cosas a diestra y siniestra; así que si alguien se burla de ideas que a mí me parecen buenas, también es aceptable. Así se progresa y se aprende; dicen los chinos que “el escuchar con frecuencia palabras que no deseamos escuchar y el provocar a la mente con con cosas que la molestan, nos acerca a la virtud, así como una piedra afila un cuchillo.”

Siempre y cuando…

¡Porque claro que tiene que haber un “siempre y cuando”!

Si te vas a burlar de algo, que sea desde el conocimiento y no desde la ignorancia. Lo que sí me da comezón mental es una argumentación ignorante o estúpida, no el blanco al que se dirige la crítica. Por ejemplo, siguiendo la misma forma de la crítica de arriba, tenemos a Bill Maher, un cómico progre de Estados Unidos, que se la pasa atacando la religión entre otras cosas. Como digo, eso en sí no me parece ni bien ni mal, pero aquí está un extracto de su show “But I'm Not Wrong” (2010):

    “Cuando me preguntan qué tengo en contra de la religión, digo bueno, pues aparte de la mayoría de las guerras, las Cruzadas, la Inquisición, el 9-11, matrimonios arreglados con menores de edad, poner bombas en escuelas, la sujeción de mujeres y homosexuales, fatwas, limpieza racial, violaciones de honor, sacrificios humanos, la quema de brujas, bombas suicidas, condonar la esclavitud y la violación sistemática de menores, no, no tengo mucho problema.”

OK, eso ya me pareció mal.

Primero, porque es ignorante y segundo porque —si el lector vio el video— lo dice con una suprema condescendencia y una actitud de “yo sé lo que digo y tú no” que más estúpidas hace sus declaraciones. Ahora bien, Maher es un cómico y no un historiador ni un filósofo así que le podría pasar un poco su ignorancia; pero dado que tiene más audiencia que muchos pensadores serios y que mucha gente forma sus opiniones en este tipo de información sesgada, no se puede ser tan pasalón.

Primeramente la pregunta, ¿por qué estos nuevos ateos dicen “religión” cuando obviamente lo que quieren decir es “Cristianismo e Islam”? Pero dejemos eso de lado, que acepto que normalmente ese es el contexto en el que se habla.

En segunda instancia, el largo rosario de barbaridades que desgrana es de las típicas mezclas tramposas que mezclan problemas humanos en general, con temas específicamente religiosos. De las que menciona, únicamente las fatwas y la quema de brujas están necesariamente relacionadas con la religión. En el caso de las fatwa, son en el Islam literalmente “opiniones” ó “decisiones” emitidas por los eruditos en algún tema concerniente a la aplicación de la ley religiosa a la vida diaria; o sea que es simplemente un veredicto dentro de la jurisprudencia islámica. La palabra se hizo famosa y además sinónimo de “sentencia de muerte” cuando un mullah extremista decretó que el escritor Salman Rushdie había insultado al Profeta con su libro “Los Versos Satánicos” (1988) y que merecía la muerte. Eso es, por supuesto, una barrabasada imperdonable. Pero el decir que se está “en contra de las fatwas” es tanto como decir que se está en contra de las encíclicas papales, sin importar su contenido. Cierto que ha habido a lo largo de la historia encíclicas con contenidos bastante retrógrados, pero también otras con buenas ideas y la más reciente, acerca de la nueva postura del catolicismo ante el medio ambiente, ha sido casi universalmente bien acogida en cuanto a sus declaraciones iniciales.

Mis lectores más inquisitivos se estarán preguntando dónde dejo a las Cruzadas, la Inquisición y los sacrificios humanos. Refiriéndome al último, cierto que estuvo presente en religiones primitivas y que aún subsiste en ciertas ideologías, pero el concepto en sí mismo es más amplio y es muy frecuente en cualquier conflicto armado, “por el bien común”. Y esto me da para pasar aquí a lo principal: las guerras, con el argumento ahora muy común pero totalmente equivocado, de que “la religión es el principal causante de guerras y muerte en la historia”.

Quizá sea que las Cruzadas, la Inquisición y las Brujas de Salem dejaron una marca indeleble en el imaginario occidental y que además han sido temas populares en la literatura y el cine, pero pasar de eso a la afirmación primera, es no saber historia. Obviamente no quiero tratar de justificar estos males haciéndolos contrastar con un mal mayor: mi punto es sólo que la afirmación mencionada es falsa.

Es bien cierto que la religión, junto con el nacionalismo o regionalismo, ha sido usada frecuentemente como bandera (como herramienta) que unifique a la gente para ser movilizada, pero la religión como motivo primario de un conflicto armado es raro: cito como ejemplo paradigmático la expansión del Islam a partir del siglo VII, y aún éste no estuvo libre de motivaciones de poder geográfico y político, tras la muerte de Mahoma y sus discípulos directos.

Otros conflictos en los que la religión ha jugado papeles importantes pero igualmente mezclada con consideraciones más mundanas, son las Cruzadas, el conflicto anglo-irlandés, el conflicto islámico-hindú que resultó en la partición de Pakistán y Bangladesh de la India, la Guerra de los Treinta Años que también ya mencioné, y más recientemente los conflictos en el sur de Tailandia.

Por contraste y sin ponerme a buscar a conciencia, se me ocurren los siguientes conflictos de todas épocas y lugares que han causado pérdidas catastróficas de vida humana: las invasiones vikingas de Europa, la caída de la Dinastía Han, las invasiones mongolas, el descubrimiento y conquista de las Américas por ingleses y españoles, la conquista de la India por los mogoles, la rebelión de An Lushan y la rebelión Taiping en China, las purgas soviéticas, las guerras holandesas en Indonesia, el genocidio armenio, la Primera y la Segunda Guerra Mundial, las guerras de Corea y Vietnam, todas las guerras de independencia de países africanos, el genocidio en Ruanda, la guerra de Kosovo, y las guerras de Afganistán e Irak.

Ni una sola de ellas ha tenido a la religión como motor, aunque un par de ellas la han usado como herramienta de unificación (la rebelión Taiping en especial). De modo que la religión no sólo no es la primera causa de guerra y muerte como dice el famoso argumento: no lo es ni con mucho.

Pensemos en este ejemplo: tú eres hindú. Alguien viene a tu casa, entra por la fuerza y te echa de ella. Resulta que la persona es budista. La pregunta es: ¿lo odias y estás dispuesto a pelear con él por ser budista, o por haberte despojado de tu casa?

Se abusa del fervor que la religión causa, eso sí; y pasa a ser una herramienta más de la ambición humana, esa que va a la guerra en busca de  poder, pero no es un instrumento de manipulación en sí misma.

Si realmente queremos saber el principal y real motivo de conflictos armados en la historia de la humanidad, en todas las culturas y todas las épocas sin importar la religión, no tenemos más que ver un mapamundi. Ahí vemos las masas de tierra que hay en el mundo y veremos que esas masas están divididas por muchas líneas, a veces rectas, a veces caprichosas. Se llaman fronteras.

La tierra está ligada al poder, el poder a la ambición, la ambición a lo más profundo del alma humana.

Propongo este símil: un vaso puede ser usado para matar a alguien, pero no fue creado con ese fin, sino con el fin de beber agua. No confundamos un vaso con una pistola, que fue creada con el fin específico de destruir. Y en esto el hombre es el hombre, con y sin religión. No nos engañemos pensando que si eliminamos ésta, por alguna mágica razón cambiaría la naturaleza de aquél.





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